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Sinopsis de Afganistán, Al Qaeda Y El Nacimiento De Los Talibanes
Enviado por Donanfer
Publicado el 2011-03-26 18:13:12
Libro Afganistán, Al Qaeda Y El Nacimiento De Los Talibanes

En 1979, la invasión de Afganistán por parte de la Unión Soivética terminò convirtiéndose en uno de los hechos más importantes del siglo XX, suceso que finalmente sirvió como génesis del régimen talibán en Afganistán. Al invadir suelo afgano, los rusos habían minimizado la dificultad del terreno, y esa subestimación los llevó a no poder conquistar todo Afganistán. Los soviéticos estaban intentando ampliar sus territorios hacia el sur, y habían estado apuntalando al gobierno comunista de Mohammad Najibullah, que en abril de 1978 había llegado al poder tras un Golpe de Estado. Aunque el advenimiento a la presidencia de Najibullah trajo a Afganistán la edificación de más escuelas, una nueva Constitución, y más libertad de expresión, el líder nacido en Kabul invariablemente tuvo la sanguinaria oposición de muchos rebeldes y señores de la guerra, como Ahmad Shah Maasoud, que se enfrentaba al comunismo. Con su gobierno bamboleándose, Najibullah quiso que los soviéticos se entrometieran. Lo que desconocía era que el círculo de leales del Primer Ministro soviético, Leonid Brezhnev, tenìa ya decidido que las tropas soviéticas ingresase en Kabul el día de Navidad de 1979. Siete meses después, el Presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, facultó a la CIA gastarse más de medio millón de dólares para brindar un apoyo velado a la oposición afgana, también conocida como Muyahidines. En 1984, los Estados Unidos se derrochaban más de 200 millones de dólares al año en esta guerra, un presupuesto que se multipl.ico pot tres con la asunciòn al poder de Ronald Reagan, y la llegada de William Casey al frente de la direcciòn de la CIA. Fue justamente en este instante cuando aparecieron en Afaganistán el grupo de los talibanes, y entre ellos, Osama Bin Laden. Estados Unidos escarmentó a viva voz la operación de la Unión Soviética y la falta de acatamiento al derecho internacional. Pero, simultàneamente, estaba costeando armas a los muyahidines, junto con la Primera Ministra británica, Margaret Thatcher, que exhortaban por la libertad de los combatientes muyahidines. Un gran nùmero de estos muyahidines habían fugado a la vecina Pakistán, aunque muchos de ellos optaron por quedarse. . El señor de la guerra afgano Ahmad Shah Massoud, el León de Panjshir, con sus vandálicas tácticas de guerrilla, desmanteló muchos tanques soviéticos, convirtiéndose en un semidiós nacional. La religión se convirtió en un factor trascendental en el conflicto, y los muyahidines afganos alcanzaron aglutinar a muchos musulmanes por el mundo, en pleno proceso para promover una yihad contra el gobierno comunista secular soviético. Entre ellos se hallaba Osama Bin Laden, el hijo desterrado de una rica familia de Arabia Saudita.El ejército de Bin Laden empezó a hacerse llamar Al Qaeda, y se proyectó a la lucha, a mediados de los años 80, socavando la moral de las tropas soviéticas en Afaganistán. Su líder Mijail Gobachov, comenzó a mostrarse a favor de la retirada de las tropas soviéticas de Afganistán tan rápido como fuera viable. Esto finalmente aconteció el 15 de febrero de 1989 cuando, después de diez años de guerra, y de haber dilapidado millones de dólares, los soviéticos se marcharon irreversiblemente de Afganistán, dejando así un gobierno comunista frágil en guerra con su propio pueblo. Afganistán fue prontamente postergado por Estados Unidos debido al Muro de Berlín, el desplome de la economía mundial y la nueva Guerra del Golfo. Agfanistán se terminó sumando en una serie de milicias entre líderes rivales por el poder. El pueblo afgano, enervado de tantos años de guerra, sólo ambicionaba la paz y la seguridad que, virtualmente, los talibanes podían proporcionarle, aunque todo ello a través de una rigurosa y ultra moderada interpretación del Islam. Liderados por el místico y ermitaño Omar Mullah, los talibanes progresaron y se desarrollaron hasta innovarse en una fuerza de combate de gran trascendencia, y empezaron a esgrimir la violencia de forma rápida y brutal. Demandaron que las mujeres fueran vestidas completamente cubiertas prohibieron la música y la televisión. Osama Bin Laden encontró en el régimen talibán su oportunidad para llevar acciones contra el mundo occidental. Les prometió financiarles, a cambio de una serie de atentados. Devastadores ataques terroristas en Ocklahoma, y el bombardeo de la Embajada de Estados Unidos en Kenia, estimularon que Estados Unidos exigiera a los talibanes la entrega inmediata de Bin Laden. La petición fue desconocida reiteradamente, y después de los ataques terroristas del 11-S sobre las Torres Gemelas de Nueva York, imputados a Bin Laden y Al Qaeda, volvió a efectuar una última solicitud al régimen talibán. Una vez más la petición fue ignorada, y Estados Unidos, junto con otras fuerzas de la OTAN, marchó sobre Afganistán tras Bin Laden y para terminar con los talibanes definitivamente, para siempre. No debe escapársenos que a la mayoría de los países que tienen tropas en Afganistán estarìan deseosos de retirarlas, incluido EE UU, cuya contribución al esfuerzo militar es imprescindible. Si el objetivo -o los objetivos- que perseguían cuando intervinieron militarmente y luego promovieron el camino de la reconstrucción y el state-building se habrá conseguido y podrá mantenerse de un modo razonable. Se equivocan quienes persiguen la idea de de liquidar a los talibanes, es imprescindible controlar a los terroristas "yihadistas" disimulados entre ellos. Serà necesario sentarse a dialogar con los líderes pastunes, con los imanes e incluso con dirigentes talibanes. Lo atroz es que la retirada de las fuerzas internacionales declinaría la situación de las mujeres afganas.La conferencia de Londres, cuando se concrete representarà una oportunidad inmejorable para determinar las variantes estratégicas en el tratamiento de este conflicto, ya asentados por el presidente Obama el 1 de diciembre, y para delinear las acciones así como la agenda que harán hipotéticamente posible su éxito y consentirán la deseada retirada. Una condición indispensable para que ese éxito se originara sería que todos los partícipes en la conferencia tuvieran sobradamente claro lo que se desea alcanzar. Si el objetivo termina siendo confuso o difuso, ninguna estrategia tendrá éxito, ni puede tenerlo. Si es apropiado, deberá incluir una descripción clara de la situación final anhelada de la cuestión, deberá ser realista, factible y satisfactoria para los fines sugeridos ¿Se sabe cuál es exactamente el escenario final por todos deseado en Afganistán? ¿Que Karzai fiscalice completamente el país es un escenario realista, practicable y satisfactorio?.Además, es posible que pudiera haber algún interés más o menos secreto, como el de llevar adelante una represalia que la sociedad estadounidense reivindicaba por los atentados del 11-S, el propósito declarado de Washington al atacar Afganistán, en octubre de 2001, era desmantelar el Estado talibán que había dado protección, refugio y apoyo a los terroristas de Al Qaeda para impedir que este apoyo continuara, la organización terrorista se vigorizara y los atentados pudieran renovarse..Una vez ultimada la derrota inicial de los talibanes, la Administración de Bush invocó a los aliados para perfeccionar y ultimar la transformación del país. Por un lado, la asechanza de los miembros de Al Qaeda y los talibanes que aún resistían, objetivo de la operación Libertad Duradera y, por otro, la asistencia a la seguridad y la restauración encargada a la ISAF. La conferencia de Bonn delineaba en diciembre de 2001 el camino hacia un escenario final deseado de un Estado democrático centralizado y dinámico, respetuoso de los derechos humanos, exento del riesgo de narcotráfico, que pudiera convivir pacíficamente con sus vecinos. En este escenario, los talibanes naturalmente no eran tenidos en cuenta y debían ser neutralizados o excluidos. Por esa misma razòn la conferencia de Bonn no fue una conferencia de intercesión, sino de vencedores, y en ella los señores de la guerra -que habían contribuido a la victoria- obtuvieron importantes resarcimientos que ahora se hacen sentir sobre el agotamiento del Gobierno central. No pasò mucho tiempo para que el choque con la dura realidad hiciera este objetivo inicial demasiado ambicioso. Han pasado muchos años y los talibanes no han concluido de reforzarse y la confianza en el Gobierno central no se ha deteriorado irremediablemente entre el pueblo afgano. Las previsiones del Afghanistan Compact acordado en 2006 en Londres están lejos de cumplirse. Si no se quería renuncia a nada -impensable en la situación actual- era el momento de reflexionar la estrategia a seguir y realizar un arresto de voluntad, que puede ser el último, para reconducir la situación. Así lo pensó el presidente Obama, que ha declarado reiteradamente que el objetivo primordial sino ùnico, es impedir que Afganistán resultase un riesgo para los demás países, lo cual -al fin- resuelve bastante las cosas. No se trata ya, por tanto, de liquidar a los talibanes, sino de liquidar -o al menos controlar- a los posibles terroristas yihadistas escondidos entre ellos. La confrontación con los talibanes estribará así más del grado de su apoyo al terrorismo internacional que de su doctrina política o religiosa.Los atentados de Bali, Madrid y Londres, consumados en el momento más bajo del poder de los talibanes, exteriorizaron claramente que la relación entre atentados internacionales y la existencia de un Afganistán talibán no era una circunstancia imprescindible para que aquéllos se produjeran. Hay muchos otros refugios para los terroristas, primordialmente en las áreas tribales de Pakistán, pero también en Yemen, Somalia, Sudan, el Sahel... Y hay varias redes de radicales yihadistas diseminadas por el mundo, incluidos los países occidentales, conectadas entre sí de forma enmarañada y guiadas por unas directrices más o menos centralizadas, dispuestas a perpetrar actos terroristas. Cierto es que quitarles un posible refugio no les facilita precisamente las cosas. Pero ni terminar con los talibanes en Afganistán va a echar por tierra con los grupos terroristas internacionales yihadistas, ni dejar a los talibanes en paz llevarìa necesariamente a hacer más placentera la existencia a estos grupos, en el incierto caso de que los talibanes se comprometieran verdaderamente a no prestarles apoyo.


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